Exploring Temporality, The Intersection
of real and virtual.
La práctica de Armando Frezze Durand se construye en el cruce entre la imagen, la tecnología y la materialidad. Su trabajo parte de la fotografía y el audiovisual —del laboratorio analógico al entorno digital—
La práctica de Armando Frezze Durand se construye en el cruce entre la imagen, la tecnología y la materialidad. Su trabajo parte de la fotografía y el audiovisual —del laboratorio analógico al entorno digital— para desplazarse hacia procesos de escaneo, manipulación y traducción de imágenes en cuerpos físicos. La escultura aparece aquí no como punto de partida, sino como consecuencia de un recorrido que atraviesa lo online y lo offline, lo virtual y lo tangible.
En este tránsito, el cuerpo humano —particularmente el cuerpo masculino— funciona como una operación de desplazamiento. Cuerpos e imágenes provenientes del flujo cotidiano —personajes anónimos, presencias irrelevantes dentro de las jerarquías culturales— son traducidos a materia con la intención de persistir en el tiempo. En esa traslación se activa una tensión constante entre representación, deseo y artificio tecnológico.
Esta materialización introduce una pregunta incómoda: ¿qué cuerpos, qué imágenes y qué relatos merecen ser conservados? Al otorgar duración y peso escultórico a figuras sin jerarquía aparente, la obra tensiona las nociones de relevancia, valor e idealización, y expone el carácter arbitrario de aquello que una cultura decide monumentalizar, reproducir o multiplicar.
La repetición opera en la obra como un método. Un mismo cuerpo, una misma imagen o un mismo individuo reaparece a lo largo del tiempo bajo distintas formas —fotografía, video, escultura, relieve—, desplazado y reescrito en cada nueva traducción material. Esta insistencia no busca fijar un ícono, sino erosionarlo: volver a interrogar su vigencia, su carga simbólica y su relación con el tiempo. La repetición no garantiza permanencia; la interpela.
Entre imagen y materia, la práctica de Frezze Durand no busca cerrar sentidos, sino habilitar preguntas sobre qué conservamos, por qué lo hacemos y qué dejamos caer en el proceso. Un gesto de fricción frente a la lógica del desplazamiento constante y el consumo infinito de imágenes.
La repetición opera aquí como método: no para fijar íconos, sino para tensionar nociones de valor, relevancia e idealización, y proponer un espacio de fricción frente al flujo continuo y el consumo acelerado de imágenes.














